Descripción
Jesús comienza su vida pública llamando a algunos discípulos para ser «pescadores de hombres» (Mc I,17); después de su Resurrección les enseñará que, si quieren pescar en el lago, necesitan escuchar al Maestro y hacer lo que Él les pida (Jn XXI, 6). En la noche de despedida, en la Última Cena, toma el pan y el vino y lo reparte, diciendo: «Esto es mi Cuerpo… Ésta es mi Sangre» (Mc XIX, 22-24); después de la Resurrección les mostrará «unas brasas con un pescado puesto encima y pan» (Jn XXI,9), invitándoles a comer. Él es el pez grande que se nos da como alimento ( así lo llaman san Clemente de Alejandría, Tertuliano y otros autores). Comer el pez asado que nos ofrece Jesús en la orilla del lago significa «comulgar con su Pasión, Muerte y Resurrección», dirá san Agustín. En el futuro tiempo escatológico será Jesús, como Cordero degollado; muerto, sí, pero al mismo tiempo en pie (esto es, resucitado), el que nos invite como Novio del Banquete de Bodas a nosotros, su novia, la Santa Madre Iglesia, para alimentarnos de los ríos de Agua Viva que manan del Santuario (Ap. XXII, 1).
Los discípulos de Cristo, los cristianos, somos los «pececillos» (Tertuliano, Prudencio y Evangelio de Tomás, entre otros) que hemos recibido el Bautismo en la piscina bautismal y seguimos al Maestro como Comunidad Eclesial (bancos de peces). A la vez, nos dejamos pescar por Jesús, que nos invita a ser pescadores de hombres.
Si el Cordero y el Pez son dos símbolos de la Divinidad que bien pueden resumir la espiritualidad del Antiguo y el Nuevo Testamento, y las dimensiones cristológicas y eucarísticas de Jesucristo, relacionándolas con el Pan y el Vino, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, concluimos que san Francisco de Asís, para quien El Señor es «el Niño pobre que nació en Belén, y el que pobre y desnudo murió en la Cruz», tiene una cristología eminentemente eucarística.
Sinopsis de «Le ofrecieron un trozo de pez asado» (Lc 24,42)
Con frecuencia vemos representado a Jesucristo como el Buen Pastor o el Cordero de Dios, y la simbología del rebaño que sigue al pastor o de la oveja perdida que es encontrada por él, nos habla de nuestra relación con Dios. Así podemos recordar hermosos textos del Antiguo Testamento en los que los profetas nos hablan de los buenos y malos pastores, el salmo 22 con el que rezamos que “el Señor es mi Pastor”, e incluso sabemos nombres de grandes pastores en el Antiguo Testamento: Abraham y los patriarcas, Moisés, el rey David, etc. Pero en el Nuevo Testamento nos sorprende Jesús llamando a sus discípulos a ser “pescadores de hombres”, en repetidas veces vemos a Jesús comiendo pescado con sus discípulos, haciendo pescas milagrosas, multiplicando panes y peces en Galilea… incluso podemos recordar el nombre de varios pescadores del Nuevo Testamento (Pedro, Andrés, Santiago, Juan…) pero no el nombre de ningún pastor. Más nos puede sorprender si observamos que, prácticamente en todas las comidas de Jesús aparece el pescado (incluso después de la resurrección, en la primera aparición de Jerusalén), pero en ninguna se dice que comiera cordero, ni siquiera en la Última cena. Entre los primeros cristianos, el pez como símbolo eucarístico de Jesucristo resucitado se extendió mucho, como vemos en múltiples representaciones de la Última cena. Y los primeros cristianos se identificaban a sí mismos con el signo del pez, pues las letras de esta palabra griega son las iniciales de la frase “Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador”. De todos estos temas y otros muchos, relacionados con San Francisco de Asís y su espiritualidad cristológica y eucarística habla “Le ofrecieron un trozo de pez asado”, un libro que es el fruto de muchos años de investigación de Fr. Luis Quintana, OFM como tesis doctoral, en la Pontificia Universidad Antonianum (Roma), y que fue defendido en su sede del Instituto Teológico de Murcia (ITM) en noviembre de 2024.
Texto extraído de la edición digital de la revista Tierra Santa:
El pez, signo de Cristo
Texto publicado con motivo de la presentación oficial de este libro en Madrid, el día 25 de junio de 2025:
El libro “Le ofrecieron un trozo de pez asado” se presenta en Madrid
Quintana Giménez, Luis

FR. Rufino Luis Quintana Giménez, OFM nació en Burgos en 1974. Realizó sus estudios en la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos, 1998). Posteriormente, en 2022, estudió la Licenciatura en Teología Dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Un año después emitió sus votos religiosos en Gilet (Valencia) dentro de la Orden de Hermanos Menores Franciscanos (OFM). Durante el año 2007 vivió en Tierra Santa, concretamente en Jerusalén (Israel), recibiendo después diversas misiones relacionadas con los Santos Lugares como, por ejemplo, acompañante espiritual de grupos, Comisario de Tierra Santa, presidente de los Comisarios de España y Portugal, representante del Custodio en España o director del Centro de Tierra Santa. Dos años después, en 2009, fue ordenado presbítero en Alcorcón (Madrid). Fr. Luis Quintana prosiguió sus estudios, primero, en la Universidad Eclesiástica San Dámaso, donde se doctoró en Teología Dogmática (2013); posteriormente en el Instituto Teológico de Murcia (ITM), donde en 2021 concluyó la Licenciatura en Teología Fundamental; y finalmente, en Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Fundamental por la Universidad Pontificia Antonianum. El Padre Quintana ha ejercido, asimismo, como profesor de Teología en la Universidad Eclesiástica San Dámaso y en el ITM, donde actualmente imparte las asignaturas de Cristología y Eucaristía.
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